1/2/08

Jacinto Beard y Taimáscaro: más que Carnaval



Por: Derissé De León

Unas lágrimas se esfumaban de sus ojos la tarde de esta entrevista al hablar de los primeros días en que taimáscaro se presentaba ante la sociedad puertoplateña y a cambio recibían rechazo.

Entrevistar a Jacinto se hace difícil en estos tiempos donde es impresionante ver cómo la gente lo aclama, lo busca se une a este grupo de carnaval tan famoso. Jacinto es un ser humano excepcional, capaz de sincerarse, de reír, de llorar, de susurrarte al oído cuánto te aprecia, de suspirar ante una pregunta, una sonrisa o un “te quiero”.
Todo el colorido, originalidad y exclusividad de la representación más hermosa del carnaval puertoplateño tiene una historia muy real expresada por su creador con la vivencia de sus días de formación, su evolución y su actualidad. Hoy ostentan el título del concepto carnavalesco más valioso creado en los últimos diez años en el país y el orgullo de haber llevado a cabo un ideal de su juventud.

Derissé: ¿En qué momento se gestó la idea de Taimáscaro?

Jacinto: “Taimáscaro surge de mí a finales de los ochentas no como idea carnavalesca propiamente dicha sino como propuesta de reunir amigos y artistas del momento que tuvieran cierta sensibilidad social, así realizamos juntos en el Parque Luperón una actividad que se denominó “Una Tarde por la Paz”, a fines de ese año. Quisimos darle continuidad a este tipo de actividades pero no hubo un apoyo a cabalidad de toda la sociedad y así se desarticuló el proyecto. Una causa directa fue el influjo del turismo que se había robado a todos los talentos de la comunidad y los tenía internos en los departamentos de animación y actividades de los hoteles. No es sino a partir de los noventas que planteo abiertamente mis ideas al grupo “Solidaridad” integrado por: Ramón Ramos, Jesús Ramos, Gregory Suero, Vanahí Severino, Claudio de los Santos, Chiqui Nadal y otros y en febrero de 1991 hicimos la primera propuesta pública y por esto ese grupo son los llamados fundadores de Taimáscaro”.

D: En ese momento inicial, ¿Habías pensado ya en el nombre de la gran propuesta y su significado?

J: “Fíjate que no, en principio el proyecto se llamó “Máscara Mueca”. La idea era fotografiar el rostro de los personajes pintorescos de mi pueblo natal, Puerto Plata: llevarlos a la escultura y de ahí modelar sus rostros. Obtenida la máscara adoptaríamos la indumentaria (…ríe)….. de: Juan Cosa Buena, Cosa Mala, Tata la Vizca, a todos ellos los teníamos tabulados pero pensé en que sería difícil representar a esos personajes populares porque era absurdo desarrollar este proceso por tener limitaciones en cuanto a la fotografía y la escultura, en fin el hecho de expresar una idea y compartirla o masificarla para luego convertirse en una identidad cultural era casi imposible. Resultó que Dios iluminó mi mente pare enriquecer esta propuesta y esa noche del primero de enero del noventa y uno pues mis amigos no muy a gusto decidieron apoyarme”.

D: Entonces, ¿Cómo se da la evolución del nombre?

J: “Hay que romper con la percepción de que crear a Taimáscaro fue muy científico y que solamente fue por mí, yo recurrí a algunos de mis archivos pero las cosas se fueron dando a la medida en que el sentimiento, la buenas intenciones y el amor estuvieron puestos en el camino de la luz. Llegó un proceso simultáneo en que me sumergí tanto como en un sueño y la idea fue fundamentarnos en un elemento de las tres culturas que nos dieron origen.
Taimáscaro es un homenaje a la cultura silenciada que nos da la nostalgia de no tener nuestros aborígenes vivos como en los demás países de Latinoamérica, es ese orgullo de llevar en nuestro rostro lo que significa nuestra esencia y no adoptar la representación de las tinieblas que es el diablo y que en otros pueblos del país es su disfraz tradicional. Nosotros representamos y emulamos ese politeísmo sano que tenían los taínos con nuestros disfraces. Es poético y metafórico colocar la imagen de los aborígenes en nuestros rostros haciendo énfasis en esa cultura silente y soslayada pero siempre presente en nuestra gastronomía, idioma que es un legado español sin embargo hay una amalgama de términos taínos… en fin de ahí surge “Tai” de Taíno y “Máscaro” de máscaras o disfraz”.

D: ¿Qué pasó con la sociedad de esos días, aceptó esta idea, este proyecto en los carnavales de la fecha?

J: “Es importante resaltar que el carnaval, los clubes deportivo y culturales, juntas de vecinos, asociaciones populares habían desaparecido en nuestra ciudad desarticulándose toda la dinámica social por la llegada de la industria sin chimenea que es el turismo, dada esa situación para finales de los ochentas e inicios de los noventas el carnaval puertoplateño se había extinguido. Turismo lo convirtió en un show pues hacía un desfile en un día que le conviniera y fue un tanto desnaturalizador de la cultura popular.
La reacción de mis amigos fue buena en principio y estoy feliz en mi interior de que el universo, a mis veintidós años, me usara como receptáculo de su inteligencia cósmica para poder enamorarnos de nosotros mismos y de nuestra cultura de olvidarnos de la auto discriminación racial, era mi labor re-enamorar a la gente de su identidad. Por otra parte hubo rechazo con esta propuesta por no tener un disfraz bello como en el que hemos evolucionado, era más antropológico y sin glamour”.

D: A pesar del rechazo, ¿Cómo fue la evolución de este icono de nuestro Carnaval?

J: “Si solamente yo llevaba el disfraz iba a ser una participación individual pero logré una propuesta de performance colectivo parecido a La Trinitaria, de involucrar a tres y sumar amigos, la puesta es escena no fue aplaudida, fue asimilada como comparsa de muchachos. En uno de esos carnavales di un discurso en el Puente de la Guinea expresando que este proyecto no tenía lucros económicos y que podían participar todos, ingresaron personas de diferentes costumbres y ahí se desataron los rumores y acusaciones de estar implicados en la drogadicción, sufrimos encarcelamientos, persecuciones y demás. Eso por el contrario nos inmoló y gente que sabíamos que estábamos luchando por un ideal (sus ojos se humedecen, su voz se vuelve débil y unas lágrimas comienzan a brotar) hizo que se sumaran personas con peso social y moral como Juannerys Beard, Umbert Hart, Basilio González, Guidino Merette y otros que nos apoyaron cuando el látigo se batía sobre nuestras frágiles espaldas. Por cinco ocasiones la policía nos encarceló y asedió. Nuestras familias querían sacarnos de eso porque empezábamos a peligrar. Así fueron años difíciles pero muy encantadores donde la gente que nos quería se sumaba, la prensa nos acababa porque entendía que debíamos hacer algo a la altura de lo que la sociedad no nos brindaba. Luego se dio la diáspora, yo me fui a Europa y el proyecto quedó en manos de personas que no continuaron el proceso evolutivo pero por lo menos lo mantuvieron”.

D: En este momento has regresado e incorporado totalmente a la “Fiesta de la Carne o Carnestolendas”, ¿Qué piensas de tu creación?

J: “Aunque se ha masificado, se ha perdido un poco la esencia. En principio no había “tribus” de hecho nunca tuve la idea, taimáscaros era un solo grupo esto vino porque la masificación produjo una explosión demográfica incontrolable al manejarlos sobre todo para nuestras capacidades de primera juventud. Para el segundo año de aniversario (1992) nos propusimos lograr cien taimáscaros y comenzamos a trabajar cada día en los barrios enseñándole a la gente el origen de esta identidad carnavalesca. No logramos cien sino ciento cuatro personas disfrazas de taimáscaros y de ahí hicimos la gran fiesta denominada “Taimáscaro 100” por eso en cada aniversario lo designamos así. Las tribus vienen por el hecho de que los cacicazgos eran la forma organizacional de los taínos comandadas por un cacique, en ese sentido, propuse en cada barrio formar células de taimáscaros cuyo dirigente era cacique, por todas las tribus debíamos elegir una persona con peso moral, intelectual y social que sería el gran Behique o Nitaíno para lo cual nos sirvió mucha gente bella y noble”.

D: ¿Cómo te sientes al saber que eres creador del personaje que identifica nuestro carnaval?

J: “Me siento comprometido y sin muchas fuerzas porque el compromiso que conlleva esto es grande. De un 90% de lo que en principio quise que fuera taimáscaro, Puerto Plata solo tiene el sello de la identidad visual, un icono que de hecho también le falta refinamiento que ni eso que es lo que queda como sedimento del gran sueño. Estará completo cuando se consiga transmitir la enseñanza de los verdaderos valores cívicos, de nuestros derechos y deberes. Amo mucho saber que el 10% de ese sueño lo constituyen grupos organizados que cualquier afiliación política quisiera tener por el contrario esto anima a la gente a apoyar nuestro carnaval, conformar su tribu, buscan durante el año el soporte económico para el disfraz de sus miembros y eso es lo que nos engrandece porque se ha impregnado en el corazón de la gente. Estoy orgulloso, feliz pero comprometido porque eso no es todo ya que deben aprender a vivir de esta propuesta artesanal y artística, dar valor a nuestros talentos como son los muchachos de la tribu Guásima, Caremí, Raíces Taínas, que son pobres pero ricos en talento, son artistas artesanales con capacidad para crear caretas y sus propios disfraces. Crear una generación de artistas de lo autóctono es imperioso porque no solo es el carnaval sino su potencial como seres humanos. Cada vez que la gente baila, sonríe, me abraza en el malecón sin conocerme solo porque es cariñosa (llora)……… me hace saber que puedo mitigar ante Dios un poco de su presencia por contribuir con un granito de arena en mi paso por esta tierra”.

D: ¿Qué proyecciones le auguras a tu gran sueño?

J: “La proyección es funesta si no se incorpora a esta idea todos los sectores de la sociedad. Nosotros como pueblos no podemos crecer si no nos disponemos a hacer cosas grandes y productivas y hay una gran apatía producto de un sistema político que no está dando respuestas a las verdaderas necesidades humanas, estamos viviendo un neoliberalismo o globalización sectorial donde todo es válido y permitido y no creo que este sistema de exclusión hacia el menos pudiente sea el adecuado. El dinero no es malo, es bueno para desarrollar todos estos proyectos pero de mano con la sensibilidad humana, necesitamos por lo menos cubrir nuestras necesidades básicas, en ese sentido concluyo diciendo que tengo una gran preocupación. Yo quiero poner mi primer grano de arena y he llamado a los fundadores quienes se han animado a retomar el proyecto para darle una dirección correcta”.

D: El año pasado recibieron el Premio Nacional de Carnaval, ¿Qué tal el Premio?

J: “Dios nos bendijo con un galardón más ese año, haber sido nominados y ganadores del Gran Premio Nacional de Carnaval el año pasado es grande ya que se basó en otorgarlo bajo el criterio de la institución o entidad que tenga mayores aportes a la cultura nacional en términos de identidad a través del carnaval. Con esta noticia me comprometí conjuntamente con los muchachos fundadores a disponer y donar el incentivo metálico de este premio de RD$ 100,000.00 para iniciar lo que se llamaría: La Escuela de Folclor Popular y de Carnaval en Puerto Plata que no la hay en el país”.




2 comentarios:

María Scharbay Martínez dijo...

Que chulería ver a Jacinto en est blog que me parece super lindo. Creo que es una gran persona que da para más. Un fuerte abrazo para Jacinto si lo vez.

africa dijo...

querido jacinto: tantas cosas...desde el otro lado del oceano, voy a encontrarte en esta bonita entrevista,mientras lo hago recuerdo tanto proyectos, tantas ilusiones compartidas y vividas por ser soñadas, ahora publicamente quiero proclamarte personaje de INTERES MUNDIAL para goze y disfrute del mundo. Te quiero y el universo nos permite encontranos de en cualquier sitio. HASTA MUY PRONTO.